El principio de sustitución: ningún alimento actúa en el vacío

En nutrición es frecuente preguntar si un alimento es saludable: ¿el aceite de oliva es bueno?, ¿conviene comer más frutos secos?, ¿el aguacate mejora el colesterol?, ¿deberíamos reducir los hidratos de carbono?

Son preguntas razonables, pero incompletas.

Porque cuando modificamos un alimento de la dieta, rara vez modificamos solo ese alimento. Algo entra, algo sale o cambia la cantidad total que comemos. Y esa diferencia puede cambiar de forma importante el resultado metabólico.

Por eso, antes de valorar una recomendación nutricional, hay una pregunta que suele ser más útil que «¿este alimento es saludable?»:

¿Qué está sustituyendo?

La investigación sobre patrones dietéticos, incluida la dieta mediterránea, lleva años apuntando precisamente en esta dirección: los beneficios observados no pueden entenderse como la suma de unos pocos alimentos «protectores», sino como el resultado de una determinada arquitectura alimentaria en la que se priorizan unos alimentos y, necesariamente, otros ocupan menos espacio.

El efecto de un alimento tiene siempre un contexto

Podemos pensarlo con una fórmula conceptual —no como una ecuación fisiológica literal—:

Efecto de un cambio dietético = lo que incorporamos + lo que desplazamos + lo que ocurre con la energía total + el contexto de la persona.

Las cuatro partes importan.

Imaginemos que una persona empieza a consumir aceite de oliva. Puede utilizarlo en lugar de mantequilla, puede añadirlo a una alimentación que antes contenía muy poca grasa o puede simplemente añadir varias cucharadas diarias manteniendo intacto todo lo demás.

En los tres casos «ha aumentado el aceite de oliva», pero la intervención nutricional no es la misma.

Esta distinción aparece con claridad en los estudios de sustitución. En dos grandes cohortes estadounidenses, por ejemplo, reemplazar 5 gramos diarios de mantequilla, margarina, mayonesa o grasa láctea por una cantidad equivalente de aceite de oliva se asoció con un riesgo cardiovascular y coronario aproximadamente un 5-7 % menor. Sin embargo, no se observó una ventaja significativa cuando el aceite de oliva se comparó con otros aceites vegetales. Se trata de evidencia observacional y, por tanto, hablamos de asociaciones, no de una demostración directa de causalidad. Pero el ejemplo ilustra muy bien el problema: el resultado depende de cuál sea el comparador.

Sustituir no es lo mismo que añadir

Este punto resulta especialmente relevante cuando hablamos de energía.

Un alimento energéticamente denso puede formar parte de un patrón nutricional de alta calidad. Pero aumentar su consumo no produce necesariamente el mismo efecto si desplaza otra fuente energética que si simplemente se suma a la ingesta habitual.

En la práctica pueden ocurrir tres cosas:

  1. Sustitución aproximada: el alimento nuevo desplaza una cantidad similar de energía procedente de otro alimento.
  2. Compensación espontánea: se añade un alimento, pero posteriormente disminuye la ingesta de otros porque cambia la saciedad o la estructura de las comidas.
  3. Adición neta: el nuevo alimento se incorpora sin modificar significativamente el resto de la alimentación y aumenta la energía total consumida.

Por eso, hablar únicamente de las propiedades intrínsecas de un alimento puede resultar insuficiente. La energía importa, pero no es la única dimensión relevante: también cambian la calidad de las grasas, la fibra, la densidad nutricional, la fuente proteica, la respuesta glucémica o la estructura del patrón alimentario.

La terapia nutricional contemporánea en diabetes tipo 2 reconoce precisamente que pueden existir diferentes estrategias dietéticas eficaces y que su utilidad depende del patrón completo, los objetivos metabólicos, las preferencias y la posibilidad de sostenerlas en el tiempo.

El aguacate suele aparecer en titulares simplificados: «el aguacate reduce el colesterol».

La realidad es más interesante.

Una revisión paraguas publicada en 2025, que reunió revisiones sistemáticas y metaanálisis previos, encontró reducciones modestas de colesterol LDL y colesterol total especialmente en personas con dislipidemia, mientras que los resultados sobre triglicéridos y HDL fueron menos consistentes. Los propios autores señalan limitaciones metodológicas y la necesidad de ensayos más homogéneos y prolongados.

Además, algunos ensayos controlados permiten ver mejor el principio de sustitución. En un estudio de alimentación controlada, una dieta moderada en grasa que incluía un aguacate diario produjo mayores reducciones de LDL que otras dietas comparadoras diseñadas con cantidades similares de macronutrientes. Era un ensayo pequeño y de corta duración, por lo que no permite extrapolar resultados clínicos a largo plazo, pero muestra por qué es más informativo estudiar qué alimento entra dentro de qué patrón que preguntar simplemente si el aguacate «es bueno».

También importa cuando hablamos de proteínas

El mismo razonamiento se aplica a afirmaciones como «hay que comer menos carne» o «hay que aumentar la proteína vegetal».

¿En lugar de qué?

En análisis prospectivos, sustituir algunas fuentes animales —como carnes procesadas o carnes rojas— por legumbres, frutos secos, cereales integrales o pescado se ha asociado con menor riesgo cardiovascular y menor mortalidad. Pero estos son modelos de sustitución construidos sobre estudios observacionales: permiten comparar alternativas dietéticas, pero no demuestran por sí solos que realizar ese intercambio vaya a producir exactamente la reducción de riesgo estimada en una persona concreta.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 encontró igualmente asociaciones favorables cuando una parte de la energía procedente de proteína animal se sustituía isocalóricamente por proteína vegetal. De nuevo, los estudios incluidos eran fundamentalmente cohortes observacionales y existía heterogeneidad entre ellos, por lo que conviene mantener esa distinción entre asociación epidemiológica y causalidad.

La posición actual de la Academy of Nutrition and Dietetics encaja bien con esta idea: un patrón vegetariano o vegano puede ser nutricionalmente adecuado en adultos cuando está correctamente planificado. Retirar alimentos animales no garantiza por sí mismo una mejor alimentación; importa con qué se sustituyen y cómo queda construido el conjunto de la dieta.

Lo que este principio NO significa

El principio de sustitución tampoco debe convertirse en otra regla rígida.

No significa que las calorías sean irrelevantes. Tampoco que cada cambio dietético tenga que ser matemáticamente isocalórico en la vida real. Ni que todos los estudios de sustitución demuestren causalidad.

Significa algo más sencillo: la dieta es un sistema de elecciones interdependientes.

Cuando disminuye un alimento, otro suele ocupar su lugar. Cuando aumenta uno, puede desplazar espontáneamente a otro o añadirse a lo que ya existía. Y cuando hablamos de efectos metabólicos debemos intentar saber cuál de esas situaciones estamos estudiando.

Esta precaución es especialmente importante cuando interpretamos estudios observacionales. Un modelo estadístico puede estimar qué ocurre al sustituir teóricamente un alimento por otro manteniendo determinadas variables constantes, pero la vida cotidiana contiene muchas más modificaciones simultáneas. Los ensayos controlados ofrecen mayor capacidad para establecer causalidad sobre los desenlaces que estudian, aunque en nutrición suelen ser más cortos y recurrir con frecuencia a marcadores intermedios en lugar de eventos clínicos a largo plazo.

Quizá por eso la dieta mediterránea constituye un buen ejemplo de cómo debería interpretarse la evidencia nutricional.

Después de tres décadas de investigación, la evidencia disponible respalda el patrón mediterráneo en prevención cardiometabólica, pero ese patrón incluye simultáneamente una mayor presencia de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva, junto con una menor presencia relativa de otros alimentos. No existe un único ingrediente capaz de explicar por sí mismo sus resultados.

La dieta funciona como una arquitectura.

Y toda arquitectura tiene algo que solemos olvidar cuando hablamos de alimentos aislados: el espacio es limitado.

Cuando algo ocupa más lugar, otra cosa suele ocupar menos.

Una pregunta mejor

Probablemente seguiremos preguntándonos si el aceite de oliva, el aguacate, los huevos, los lácteos, los frutos secos o los hidratos de carbono son «saludables».

Pero desde el punto de vista clínico, la respuesta casi nunca termina ahí.

Necesitamos saber la cantidad, la frecuencia, la persona, el objetivo metabólico y el patrón en el que ese alimento se integra.

Y, sobre todo, necesitamos saber qué cambia cuando lo introducimos.

La pregunta decisiva no es solo «¿es saludable?», sino «¿qué sustituye?».

Referencias

  1. Hu FB, Drescher G, Trichopoulou A, Willett WC, Martínez-González MA. Three decades of the Mediterranean diet pyramid: A narrative review of its history, evolution, and advances. Am J Clin Nutr. 2025;122(1):17-28. DOI: 10.1016/j.ajcnut.2025.04.036.
  2. Barrea L, Verde L, Colao A, Mandarino LJ, Muscogiuri G. Medical nutrition therapy for the management of type 2 diabetes mellitus. Nat Rev Endocrinol. 2025;21(12):769-782. DOI: 10.1038/s41574-025-01161-5.
  3. Raj S, Guest NS, Landry MJ, Mangels AR, Pawlak R, Rozga M. Vegetarian Dietary Patterns for Adults: A Position Paper of the Academy of Nutrition and Dietetics. J Acad Nutr Diet. Versión actualizada publicada 2025-2026. DOI: 10.1016/j.jand.2025.156227.
  4. Candeloro BM, Barbalho SM, Laurindo LF, et al. Is avocado beneficial for lipid profiles? An umbrella review of systematic reviews and meta-analyses. Clin Nutr ESPEN. 2025;69:673-685. DOI: 10.1016/j.clnesp.2025.08.019.
  5. Wang L, Bordi PL, Fleming JA, Hill AM, Kris-Etherton PM. Effect of a moderate fat diet with and without avocados on lipoprotein particle number, size and subclasses in overweight and obese adults: a randomized, controlled trial. J Am Heart Assoc. 2015;4:e001355. DOI: 10.1161/JAHA.114.001355.
  6. Guasch-Ferré M, Liu G, Li Y, et al. Olive Oil Consumption and Cardiovascular Risk in U.S. Adults. J Am Coll Cardiol. 2020;75(15):1729-1739. DOI: 10.1016/j.jacc.2020.02.036.
  7. Zhong VW, Allen NB, Greenland P, et al. Protein foods from animal sources, incident cardiovascular disease and all-cause mortality: a substitution analysis. Int J Epidemiol. 2021;50(1):223-233. DOI: 10.1093/ije/dyaa205.
  8. Barrantes-Espinola G, Alberti P, Jaramillo-Morales E, Rodriguez A, López-Moreno M. Isocaloric substitution of animal protein with plant protein and its impact on all-cause, cardiovascular, and cancer mortality: A systematic review and meta-analysis. Clin Nutr. 2026;61:106654. DOI: 10.1016/j.clnu.2026.106654.

Dra. Ana Jorge Pérez Medicina Metabolismo Nutrición |

Consulta en Santa Cruz de Tenerife.

Un espacio clínico para comprender el metabolismo y recuperar el equilibrio con acompañamiento médico real.

© Copyright 2026. Dra. Ana Jorge Pérez